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Vivir entre revisiones: la incertidumbre en el cáncer de próstata
Aunque todos los pacientes reciben el mismo diagnóstico de cáncer de próstata, la experiencia de la enfermedad no es igual para todos. Algunos hombres presentan además otras afecciones prostáticas no cancerígenas, como la hiperplasia benigna de próstata, que implican controles médicos continuados. Además, cuando el tumor presenta bajo riesgo o escasa agresividad, puede proponerse una estrategia de vigilancia activa, basada en revisiones periódicas y seguimiento clínico. Algunos hombres pueden permanecer durante años bajo este protocolo y otros, tras haber sido sometidos a cirugía u otros tratamientos, continúan realizándose controles periódicos para ir teniendo un control de la evolución de la enfermedad. Desde el punto de vista médico, los controles clínicos permiten un seguimiento seguro y eficaz del paciente; no obstante, psicológicamente, para estos, supone convivir en una incertidumbre constante.
La incertidumbre aparece cuando el paciente siente que no puede predecir qué ocurrirá con su salud. Cuando un hombre se encuentra en un protocolo de vigilancia activa, puede tener la sensación de “tener cáncer sin tratarlo”, lo que puede generarle una ambivalencia emocional: por un lado, siente alivio por no tener el diagnóstico establecido y no recibir tratamientos o intervenciones invasivas; pero, por otro lado, sentir miedo ante la posibilidad de que ese diagnóstico se haga realidad. En ocasiones, esta situación puede derivar en una hipervigilancia corporal, es decir, la persona vigila cualquier cambio físico o de su organismo y lo interpreta como posible señal de empeoramiento de su estado actual.
Sin embargo, haber sido intervenido o haber recibido algún tratamiento no exime a la persona de experimentar esa incertidumbre. Las revisiones médicas y el seguimiento del PSA pueden convertirse en momentos sumamente estresantes. Es frecuente que los pacientes experimenten preocupación intensa en los días previos a las pruebas o miedo a una recaída incluso cuando los resultados son favorables. Esta incertidumbre puede afectar al día a día del paciente, pudiendo interferir en la planificación de actividades a largo plazo o la necesidad de buscar constantemente información médica. En ocasiones, el entorno puede llegar a minimizar estas preocupaciones al considerar que “el cáncer ya pasó”, cuando emocionalmente, quien lo sufre, tiene la experiencia muy presente.
Desde la psicología de la salud, se considera fundamental ayudar al paciente a desarrollar estrategias de afrontamiento adaptativas frente a la incertidumbre. La comunicación clara con los profesionales sanitarios, el apoyo social y las intervenciones psicológicas centradas en regulación emocional y tolerancia a la incertidumbre se relacionan con un mayor bienestar psicológico.
En muchos casos, la experiencia del cáncer de próstata no finaliza tras el tratamiento, sino que continúa a través de revisiones periódicas y seguimiento médico, lo que puede generar esa sensación de incertidumbre, incluso cuando la evolución clínica es favorable.
IRENE LORENTE VALERO – PSICOONCÓLOGA
Me ha gustado mucho este artículo. Refleja muy bien las diversas situaciones emocionales de los pacientes con realidades bien diferentes.